“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien(Josué 1:8).”

El gran líder (Moisés) de Israel había muerto. El hombre mediante el cual Dios había realizado multitud de prodigios y maravillas para testimonio a todo el pueblo, de que Él era su Dios y estaba con ellos. El hombre que les había guiado durante largos años de duro peregrinar por el desierto y constantemente intercedía delante de Dios por ellos y por sus necesidades. Ese hombre había muerto, y ahora este joven (Josué), tenía que ocupar su cargo y dirigir tan numeroso pueblo con humildad y valentía en un momento crucial de su historia. ¿Te imaginas a la presión que seguramente estaba sometido?

Es en este contexto que son dadas las palabras de nuestro texto:

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.”

Y es en  este momento crucial de la vida de Josué, que Dios le habla y le asegura que estará con él de la misma forma que había estado con Moisés. En medio de una serie de mandatos y palabras de aliento, Dios le ordena meditar de día y de noche en el libro de ley. Y es precisamente de este mandato que surge el tema de esta serie de artículos sobre la meditación bíblica: ¿Qué es? ¿Cómo se hace? ¿Hay algún beneficio?

¿De qué se trata?

Cuan triste y lamentable es que la palabra misma “meditación” es algo completamente extraño para la mayoría de los cristianos hoy día. Cuan trágico es observar que dicha palabra es relacionada únicamente con formas de falsa espiritualidad New Age[1] y otras religiones paganas como el budismo y el hinduismo. Tiempo hubo atrás cuando la meditación bíblica era uno de los pilares de la devoción cristiana. Pero la ignorancia teológica de las masas que concurren a las iglesias y, por otro lado, la influencia del pragmatismo en nuestra era postmoderna, han provocado que dicha práctica haya sido olvidada por la casi totalidad de la iglesia moderna y, en otros casos, entendida de forma superficial.

Miremos las escrituras y veremos la meditación por doquier, sobre todo en el libro de los Salmos. Miremos la historia de la iglesia y aprendamos de aquellos que hicieron de la meditación bíblica un instrumento poderoso para obtener el conocimiento espiritual, y, de esta forma, cultivar la piedad y la devoción hacia Dios.

Ahora bien, ¿Qué es meditar? Bueno, meditar significa llana y sencillamente “pensar en” o “reflexionar”. Entonces, la meditación presupone un tema en que meditar. Es aquí donde es importante  aclarar que  la idea cristiana de meditación no tiene nada que ver con el concepto de meditación que  tienen las religiones paganas orientales; son dos mundos completamente diferentes.

La meditación que estas religiones practican es una meditación que tiene como objetivo vaciar la mente para desconectar del mundo y así conectar con una supuesta mente cósmica. ¡Puro engaño satánico! Eso es precisamente lo que el enemigo de las almas quiere: que los hombres mantengan sus mentes en semejante estado de inactividad para que no sean capaces de darse cuenta de lo perdido y condenado que están si siguen en rebelión contra Dios.

Opuesta totalmente a eso, la meditación cristiana es una meditación que buscar llenar la mente con las gloriosas verdades que el creador de este universo y de todo cuanto existe  ha revelado en Su palabra a los hombres para que estos le conozcan y se relacionen con Él. La meditación bíblica implica pensar en el Dios trino y su palabra (Sal 119:15), anclando la meditación en la palabra viva, Jesucristo, y en la palabra escrita, la Biblia. La meditación bíblica se aleja totalmente de cualquier espiritualidad falaz o misticismo que hace hincapiés en la contemplación a expensas de la acción y acude a la imaginación a expensas de la revelación bíblica.

Grupos como los puritanos, los cuáqueros, y los pietistas, ─aunque podemos no estar de acuerdo con cada punto de la teología que enseñaron─  fueron verdaderos expertos en el arte de la meditación bíblica y llegaron a producir una cantidad considerable de obras sobre el tema, analicemos la definición de meditación que nos regaló el puritano Thomas Watson:

La meditación es un santo ejercicio de la mente por el que traemos a la memoria las verdades de Dios y, con seriedad, reflexionamos sobre ellas y nos las aplicamos.[2]

Una definición compacta y sencilla, pero excelente. La meditación ejercita tanto la mente como el corazón. En la meditación nos acercamos a las verdades bíblicas con nuestro intelecto pero también con nuestros afectos: es esa contemplación de las verdades divinas con nuestra mente de forma concienzuda y detenida, que inevitablemente accionará nuestra voluntad en pos de glorificar a Dios a través de una vida de piedad y obediencia a sus mandamientos. Cualquier otra supuesta contemplación o meditación que no siga este patrón, no es más que un terrible engaño. Escuchemos ahora al puritano Edmund Calamy:

La verdadera meditación es cuando un hombre medita en Cristo de tal manera que logra que su corazón se inflame del amor de Cristo; medita en las verdades de Dios de tal manera que se transforma en ellas; y medita en el pecado de tal manera que logra que su corazón aborrezca el pecado.[3]

Recuperemos el arte perdido de la meditación bíblica que tanta gloria y testimonios maravillosos produjo en la iglesia del pasado. Recuperémosla para que seamos hombres y mujeres con la verdad de Dios impresa en cada fibra de nuestro ser y actuemos en consecuencia de aquello que profesamos creer.

Dios te bendiga.

 

[1] New Age [Nueva era] Movimiento religioso sincretista que aúna  gran cantidad de filosofías y creencias.

[2] Watson, Thomas. Heaven Taken by Storm, citado en: Beeke, Joel. La Espiritualidad Puritana y Reformada.

[3] Calamy, Edmund. The Art of Divine Meditation, citado en: Beeke, Joel. La Espiritualidad Puritana y Reformada