“Me anticipé al alba, y clamé; Esperé en tu palabra. Se anticiparon mis ojos a la vigilia de la noche, Para meditar en tus mandatos (Sal 119:147-148).”

En los dos artículos precedentes hemos visto lo que es la meditación, sus beneficios, y ahora veremos “el cómo” de la meditación. Aclaro desde ya que nos es mi intención hacer una presentación exhaustiva de cómo ejercitar la meditación y, también, que es imposible aprender en un artículo la manera de meditar, de hecho, eso no se hace siquiera en un volumen de gran tamaño. Aprendemos a meditar, meditando.

Las indicaciones que se dan en este artículo se ofrecen con la esperanza de que puedan ayudarte en la práctica de la meditación. No son una camisa de fuerza con el propósito de confinarte, no son dogmas para encajonarte en un determinado modelo. Lo que está claro, es que todos debemos dedicar algún tiempo cada día a la meditación bíblica. Seamos expertos o principiantes, no importa. Si millones de hindúes apartan veinte minutos dos veces al día para recitar un versículo védico[1] de invocación mística, ¿Por qué nosotros que tenemos la palabra del único Dios verdadero somos tan holgazanes?

La preparación

Los puritanos hablaron muchísimo acerca de cómo debíamos prepararnos para tener una meditación efectiva, haciendo énfasis siempre en el “estado del corazón” como algo fundamental para tener éxito. Veamos algunos de sus consejos preparatorios[2]:

  • Limpia tu corazón de las cosas de este mundo – ocupaciones y disfrutes, así como problemas y agitaciones internas, Calamy escribió: “ruega al señor no tan solo que te guarde de la compañía externa sino también de la compañía interna, es decir, que te guarde de los pensamientos vanos y mundanos, y que te distraen”.

 

  • Limpia tu corazón de la culpa y contaminación del pecado, excítalo de ferviente amor por las cosas espirituales. Atesora una provisión de textos de la Escritura y verdades espirituales. Busca gracia para vivir la confesión de David en el Salmo 119:11: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”.

 

  • Acércate a la tarea de la meditación con la mayor seriedad. Concientízate de su peso, excelencia y potencial. Si tienes éxito serás admitido en la misma presencia de Dios, y sentirás, una vez más, el comienzo del júbilo eterno aquí en la tierra. Como escribió Ussher: “este debe ser el pensamiento de mi corazón: ʻtengo que ver con un Dios, ante quien todas las cosas están desnudas y descubiertas y, por tanto, debo tener cuidado de no hablar neciamente ante el sabio Dios, y que mis pensamientos no vayan errantesʼ. Un hombre puede hablar con el mayor príncipe sobre la faz de la tierra y su mente estar ocupada en otra cosa. No vayas a hablar así con Dios. Su ojo esta sobre el corazón y, por tanto, tu principal cuidado debe ser mantener firme el timón de tu corazón. Considera que las tres personas de la trinidad están presentes”.

Además de esta preparación sincera y concienzuda que debemos hacer antes de darnos a la meditación si queremos tener éxito en tal empresa, debemos buscar un lugar apropiado donde nadie nos moleste y podamos concentrarnos en la tarea que vamos a realizar. Para muchos de nosotros esto es algo difícil, ya que vivimos con numerosas personas y prácticamente nos es imposible gozar de la privacidad que requiere una meditación productiva. Pero debemos esforzarnos y buscar alternativas: buscar un lugar fuera de casa, tranquilo y con una buena vista natural, es una excelente opción.

Pautas

Empieza siempre tus meditaciones pidiendo la asistencia del Espíritu Santo, ruega por el poder para  disponer tu mente y centrar tus ojos de la fe en esta labor. No lo podría expresar mejor que el puritano Edmund Calamy:

“Quisiera que rogaseis a Dios que ilumine vuestros entendimientos, que avive vuestra devoción, que enardezca vuestros afectos y, así, que os bendiga en aquella hora para que, por la meditación en las cosas santas, seáis hechos más santos, mortifiquéis mas vuestras concupiscencias y aumentéis mas vuestras gracias, seáis mas mortificados al mundo y su vanidad, y elevados al cielo y las cosas del cielo”[3].

Una vez hecho esto, lee detenidamente las escrituras y, después, selecciona un versículo, una porción o doctrina en que meditar. Trata de empezar con temas en que sea fácil meditar al principio, por ejemplo, es más fácil comenzar meditando en los atributos de Dios: su amor, su santidad, su justicia, su bondad, etc., que tratar de comenzar meditando en el misterio de la trinidad o la doble naturaleza de Cristo en Su encarnación.

El punto no es que meditemos solo en los temas fáciles y que hagamos a un lado los difíciles, el punto es empezar con algo fácil que le permita a nuestra meditación coger vuelo para luego pasar a otros temas más profundos. Algo muy importante: medita en un solo tema a la vez. No trates de meditar en varios temas al mismo tiempo. Pues eso solo provocará que tu meditación colapse y se vuelva un manojo de pensamientos revoloteando en tu cabeza sin dirección ni propósito. Otra cosa, selecciona temas que se apliquen a tus circunstancias presentes, porque serán los más beneficiosos para tu alma.

Por ejemplo, si eres alguien al que le cuesta corresponder el amor y cariño que le dan sus familiares y amigos, medita en el amor de Cristo, en Su deseo de recibir a pobres pecadores y perdonar a todos los que acudan a Él. Si tu conciencia te perturba por algún error o desatino cometido, medita en las promesas de Dios de dar gracia a los penitentes, a los que se acercan con un corazón contrito y humillado. Si estas en apuros financieros, medita en la maravillosa providencia de Dios para con los que están en necesidad. Si estás enfermo, medita en su poder sanador y en cómo Dios se glorifica en esas circunstancias. En fin, podríamos poner muchos ejemplos más, pero creo que es suficiente para dejar clara la idea.

Por último, termina con oración, acción de gracias y canto de salmos. Alguien lo ha dicho muy acertadamente:

La meditación es el mejor comienzo para la oración, y la oración es la mejor conclusión para la meditación.[4]

Dios te bendiga.

[1] De las Vedas o relacionado con estos libros sagrados hindúes.

[2] Estos consejos han sido tomado de, Beeke, Joel, La Espiritualidad Puritana y Reformada.

[3] Edmund, Calamy, The Art of Divine Meditation.

[4] Citado en, Beeke, Joel, La Espiritualidad Puritana y Reformada.