Caíste en una rutina sin apenas darte cuenta. El pluriempleo, los hijos y la monotonía de las tareas del hogar… y de repente un día te diste cuenta de que ya ni orabas ni te sentías tan seguidor de Cristo, ni nada de nada.

No tienes que explicarlo, en Maranata sabemos bien lo fácil que es que eso suceda.

No hacen falta problemas gigantescos para enfriarse, o distanciarse del Señor. Muchas veces la rutina y sus afanes son enemigos sutiles y certeros.

Muchas veces ni siquiera se trata de las cosas del hogar y el trabajo, incluso estando sumido(a) en un ministerio en el que entregaste el corazón, tal vez perdiste de vista a tu verdadero enamorado, ese que te hacía dormir muy tarde por lo bien que se sentía pasar tiempo conversando con él, simplemente estando en su presencia.

Ahhh, pero tranquilo, tranquila, en esta revista también tienes hermanos. Aquí van cinco pasos para recomenzar con el Señor y desestancarte de la zona de confort peligrosa en la que puedes haber caído. Date un baño, tómate un café, siéntate a leer estos pasos, y anímate, que sigues siendo un soldado de Cristo:

No importa la lejanía, sigues siendo amado por Dios, pero el trabajo de su enemigo es que creas que no hay retorno.

1 Acepta que la cosa está fea… pero Dios te sigue amando

Sí, ya lo sabemos, tal vez lo pudimos haber dicho de un modo más…mmm bíblico, pero para ser realista, si llevas un tiempo sin entrar en la presencia de Dios, ponerte a cuentas y disfrutarlo, la cosa es así, anda fea.

Es hora del primer incómodo paso: acepta que el diablo logró engañarte metiéndote en una inercia peligrosa.

Te dormiste. OK, eso pasa, no te condenes, porque ese es otro truco de quien sabemos, simplemente acepta que caíste en ese sueño que es un gran riesgo espiritual.

Tal vez con el sueño, la falta de oración, llegó también el pecado, goteando, y poco a poco, y luego la vieja espiral de condena-inacción-monotonía-lejanía de Dios…

Pero ya para!!! No puedes seguir en el juego del diablo. recuerda que si caíste, es hora de aceptarlo, confesar en confianza ante Dios, pedir perdón sincero y sí, recuperar la seguridad de que el sacrificio de tu Señor te redime aún.

Recuerda que esos versículos que hablan de recomenzar no son solo letras:

Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.

1 Juan 1:9 | NVI |

Si aún anda quien sabemos susurrándote que la cosa es más compleja, que tienes una sarta de pecados acumulados, y que ya es tarde, ponte las botas.

Levántate, sacúdete el vestido, lávate la cara y dilo todo en voz alta: Mi Dios aún me ama como siempre, abro mi corazón a contarle todo, y a recomenzar, que no eres más pecador ni más especial que nadie para que no alcance la misericordia de Dios para ti precisamente. Vamos!

2 Horas-nalgas de desahogo en intimidad

Yep! Te toca, campeón. Aparta todo lo que pensabas hacer hoy mismo. Pero ponte realmente fuerte. Incluso si lo que tenías planeado era algo relacionado con tu ministerio, ya sabemos que esto suena fuerte, pero recuerda a Marta y a María, aparta también por hoy lo del ministerio, para entrar en intimidad con el Señor del ministerio, ese que da vida y pone en ti un río de agua viva.

Si piensas que es demasiado lo que tienes que decir, o los pensamientos te distraen del tema central de desahogar todo ante Dios, pues es tiempo de apartarse de las distracciones.

Enciérrate en tu cuarto y pide que no te molesten, no importa si había que fregar, tómatelo como cuestión de vida o muerte, luego el Señor te pondrá a bien con los de afuera.

«Ay, pero es que ni cuarto tengo, si vivo agregado.» Pues nada, no es para tanto, ponte un par de zapatos cómodos, y sal a tomar una ruta de camino que sea poco transitada. Usa audífonos para que nadie te moleste, y ve sacando poco a poco todo lo que está acumulado dentro de ti que necesitas decirle al Señor.

Si orar mentalmente no te funciona, puedes probar también con un cuaderno donde vayas llenando las páginas con todo lo que llevas cargado encima.

Hablar en voz alta, trotar por una calle tranquila, sentarte solo en tu habitación, escribir todo el tiempo y todo lo que sea necesario… No importa el modo, el Señor escucha, de la manera que decidas desahogar ante Él tus pecados y cargas acumuladas,  lo que le importa es ver tu corazón abriéndose y verte acercarte de nuevo.

Lo más importante de este paso es que no quede nada por decir, nada por confesar, nada por mostrar.

Una vez que termines de ponerte a cuentas, verás qué sensación de paz te invade.

Y por si te cuesta organizarte en medio de la oración, te proponemos un mapa de áreas de vida por las que puedes ir poniendo todo delante de Dios:

Relación con Dios y fallos

Relaciones y familia

Pareja

Trabajo, profesión

Economía

Sueños y deseos

Preocupaciones y temores

Recreación, ocio, descanso

Salud física y mental

Si vas por cada punto, tal vez es más sencillo poner todo ante el Señor sin que los pensamientos sueltos te desvíen de tu misión.

En este paso que es central, todo debe quedar en su sitio. Las preocupaciones que no puedes resolver, las tachas de tu mente, y las encomiendas con fe al Señor. Aquellas que tienen que ver con una parte tuya, deben quedar comprometidas a tu acción en tu agenda, con fecha, hora y compromiso tomado ante Dios.

Pero cuando termines, nada puede quedar en el basurero de la carga mental. Ten fe.

El versículo para recordar en esta etapa es Jeremías 3.33 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

3 Plan de acción realista y motivador

Una vez que lograste soltar todos los rollos y cosas acumuladas que estabas alejando de la presencia de Dios, y tuviste el valor de creer en su amor y acercarte a su intimidad a pesar de tus fallas, experimentarás un gran alivio.

El Señor comenzará a darte respaldo emocional tomando tus cargas y llenándote de paz, como si te dijera «Ahora somos dos en esto, todo comienza de nuevo, confía».

Y lo que te proponemos en este momento es que ya que pusiste ante tu Señor toda carga, deuda y distancia, y lograste acercarte a su presencia, traces un plan breve y certero para estabilizarte en la comunión.

No temas si notas que en el primer días sigues sin sentir la presencia de Dios como antes, es hora de confiar más en lo que Él dice que en lo que te dicen tus emociones. Él está ahí, ya está al mando. Y a medida que cumplas un breve plan de estabilidad, le sentirás más y más cerca.

El compromiso para estabilizar la comunión es personal. Para unos puedes funcionar prometer cinco días de ayuno de oración para recomenzar con Dios. Para otros serán seis encuentros de vigilia en actitud de adoración. Eso depende de cada cual, de sus obligaciones, horarios, estilos… pero lo que sí te recomendamos es que 1 no sea tan largo ni ideal, y 2 sea en intimidad directa con el Señor.

A veces queremos tirarnos con todo en los recomienzos, «40 ayunos seguidos» decimos, para demostrarle a Dios que vuelvo de veras.

No es buena idea una meta demasiado alta, porque luego si te quedas en el camino, Satanás intentará condenarte por ello.

Mejor algo más sencillo, pero honesto, y comprometido.

Verás como después de ese compromiso de motivación, la relación con el Señor volverá a brillar como corriente que vuelve  a pasar por un conductor y te irás sintiendo más y más fuerte en Él.

4 Decisiones honestas y difíciles

Cuando has llegado a sentir a Dios de nuevo cerca, (aunque los que nos alejamos somos nosotros), es hora de algo un poco incómodo, pero muy necesario: tomar decisiones pendientes.

Aunque pienses que fue casual, tras tu distanciamiento pudo haber decisiones que fuiste posponiendo, por lo incómodas que eran.

Tal vez tenías un par de amistades que Satanás usó en tu contra, por las que te dejaste influenciar de una visión de afán y de alejamiento de Dios.

Tal vez dentro de ti no funcionaban las cosas en tu grupo de la iglesia, pero pensaste que era muy difícil cambiarlo, y como no había qué hacer, lo dejaste tal cual, y te siguió afectando para mal.

Tal vez los dos o tres empleos comenzaron  a dejarte agotada sin tiempo para orar, y no sabías qué hacer porque necesitas el dinero… Lo que sea que dejaste de decidir, es hora de localizarlo con brutal honestidad y pedir a Dios guía para tomar una decisión.

Lo cierto es que estas decisiones podrían ser difíciles, y sobre todo, llevarlas a cabo, pero son decisivas, y es importante reconocer en ellas el verdadero amor práctico a Dios.

La acción es la que define si en realidad decidimos seguir a Cristo o quedarnos a mitad de camino, con una religión que no sustituye a tu Señor.

Si ese par de amigos conversaban todo el tiempo sobre trabajar y hacer dinero a toda costa y te influenciaban para mal, una buena decisión sería determinar ante Dios visitar a estos otros tres, que son potenciales buenas influencias y mantener un amor sabio hacia los otros.

Si el trabajo te asfixiaba el tiempo de oración, no hay paños tibios, tendrás que decidir soltar alguna actividad actual para tener el tiempo íntimo en ese momento. Deshazte de algo, o madruga y duerme menos, pero cuida tu alma.

Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. 2Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. 

Romanos 12:1-2

No te duermas, suelta lo que tengas que soltar, o cambia lo que tengas que cambiar, pero no te adaptes otro día más a esa lejanía incómoda y peligrosa.

Levántate. Despierta. Empieza de nuevo hoy.

Recuerda, todo es vanidad menos ese Cristo que te ama.